Tercer Grado: Vegetarianismo ¿Sí o no?

Hace pocos días participé en un intenso debate en una red social acerca del vegetarianismo. La cosa se inició cuando un defensor de esta tendencia alimenticia colgó un vídeo que trataba de concienciar sobre lo que comemos y sobre cómo lo conseguimos. Más concretamente el vídeo se centraba en el maltrato animal y afirmaba que debíamos hacernos vegetarianos para combatirlo.

El problema es que el grupo en el que colgó dicho vídeo está formado principalmente por gente bastante escéptica y racional, y el desafortunado activista encontró pocos aliados.
El principal motivo fue que el vídeo en cuestión era falaz y sesgado. En él se mostraban escenas de granjas en malas condiciones, cámaras ocultas de granjeros pillados apaleando pollos, perros desnutridos y abandonados, mataderos en países poco desarrollados con técnicas más que dudosas… Todo muy cuidadosamente seleccionado, montado y narrado para hacernos creer que esas son las formas habituales de hacer las cosas en todas partes y que el vegetarianismo es un método eficaz de lucha contra todo aquello. La mayoría de los debatientes que no estuvimos de acuerdo con aquella manera de razonar alegábamos que no era muy honesto apelar a nuestro sentido de culpa de manera tan sesgada para tratar de establecer una relación directa entre maltrato animal y consumo animal, para intentar conseguir así adeptos a un movimiento como el vegetarianismo, que de por sí no es una solución al problema. Después de sentirse atacado por quienes no estábamos de acuerdo con él (una actitud típica de muchos activistas radicales de según qué clase de ideas, de los que a mí en más de una ocasión me han llamado asesina porque consumo carne) y acusarnos de estar destruyendo el mundo, desapareció sin más. A veces se comportan como auténticas religiones organizándose para difundir el vegetarianismo y hasta dando reglas básicas sobre cómo hablar con los carnívoros para convertirlos (me encanta ese de “habla a los carnívoros como hablarías a un animal salvaje”). No digo que todos sean así, ojo. Ni mucho menos. Yo conozco muchos vegetarianos majos como soles, discretos y respetuosos. Solo digo que el extremismo organizado tiene siempre esa pinta sectaria que tan poco me gusta. Y tipos como este hacen flaco favor a la imagen de los vegetarianos en general.

Pero aquel debate me hizo pensar y empecé a informarme mejor sobre el vegetarianismo y el veganismo. Sus porqués, sus inicios, diferentes modalidades, organizaciones actuales y sus ideologías… Y como veis, vi cosas que no me gustaron nada, y cosas que me parecieron muy respetables. Consulté a expertos en nutrición, así como a vegetarianos y veganos, para tratar de comprender las varias posturas. Como casi siempre que se trata de temas de nutrición hay mucha magufada circulando por ahí. Muchas hasta peligrosas. En este tema, como en todos, me gusta hacer un análisis basado en la racionalidad y la ciencia, para poder separar el grano de la paja. Pero vayamos por partes.

A grandes rasgos, existen dos principales motivos por los que los vegetarianos/veganos eligen serlo: de salud y éticos.

En el mundo del vegetarianismo argumentado por motivos de salud se dicen muchas sandeces, sobre todo en internet. Algunas tan absurdas como que comer carne produce esquizofrenia o leucemia. Y otras realmente peligrosas, como los que aseguran que la dieta vegana radical es saludable para bebés y niños en desarrollo, o como la afirmación de la Unión Vegetariana Argentina de que se debe incluir orina en la dieta ya que la orinoterapia, junto con la dieta vegetariana, cura el cáncer. A pesar de estas salidas de tono puntuales, los que alegan que ser vegetariano es más sano que comer carne tienen algunos puntos interesantes en los que llevan razón. Las dietas vegetarianas no contienen colesterol y normalmente son más bajas en grasas saturadas y calorías, lo que reduce mucho el riesgo de enfermedades cardiovasculares, sobrepeso o problemas de tensión arterial. Pero mantener una dieta con restricciones también puede tener efectos negativos en la salud, sobre todo si se es muy extremo, como los veganos (que no consumen ningún producto de origen animal, incluidos leche, huevos o miel), los crudívoros (que solo comen comida cruda y sin procesar de ninguna manera) o los frutarianos (que solo comen fruta). Las principales carencias con las que se puede enfrentar un vegetariano son las de aminoácidos esenciales, fundamentales para la síntesis de proteínas, vitaminas D y B12, muy infrecuentes en el mundo vegetal, ácidos grasos esenciales y micronutrientes como el hierro y el zinc, que aunque estén presentes en muchas plantas son dificilmente asimilables por nuestro organismo cuando no tienen origen animal. Una dieta ovo-lacto-vegetariana (la que excluye la carne y el pescado pero incluye leche y huevos) no tiene por qué suponer peligro alguno para la salud, ya que bien equilibrada, subsana la mayoría de las posibles carencias.

De modo que aunque un vegetariano será menos propenso al sobrepeso (aunque la bollería y las patatas fritas engordan de lo lindo), a la gota y a la hipertensión que un omnívoro, también será más propenso que este a la anemia, las piedras en el riñón y a la fatal carencia de aminoácidos esenciales o vitaminas. Sobre todo los veganos, que si no planifican o complementan su dieta muy cuidadosamente pueden estar jugándose la salud. Igual que quien abusa de la carne roja y nunca come fruta. (Más información en esta entrada de JM Mulet.) En mi humilde opinión lo mejor es comer un poco de todo y no abusar de nada. ¿Qué opináis?

Y por otro lado tenemos los argumentos éticos, los de los que afirman que no comen carne por estar en contra del maltrato animal, o que no admiten que se tenga que matar o hacer sufrir a seres vivos para poder comer. En este caso el vegetarianismo es más una filosofía o una postura ideológica que otra cosa. Es una opción personal, basada en la empatía y la compasión que, aunque todos las sentimos en mayor o menor medida, son sentimientos irracionales. Por lo tanto es cuestión de opiniones, y no es tan fácil usar la razón o la ciencia para dilucidarlos. ¿O sí? Voy a intentarlo.

Yo estoy en contra del maltrato animal, por supuesto, como cualquier persona medianamente decente. Estoy totalmente en contra de matar por deporte o diversión, no soporto ver a alguien hacer sufrir innecesariamente a ningún animal, y sé que en muchas granjas y mataderos no se hacen las cosas de la manera mas ética posible, y creo que eso debería cambiar. Pero también creo que el ser humano es un animal más en este rico reino animal de nuestro planeta, y omnívoro a todas luces. Pienso que matar para comer no solo no está mal, sino que es biológicamente natural. Nosotros mismos éramos parte del menú hace no mucho, y éramos igualmente cazados y comidos. El hecho de que hayamos aprendido a evitarlo no nos convierte en los malos de la película. Todos los animales que comen otros animales, incluidos nosotros, han tenido que matarlos primero, y no por ello son malvados. Matar para comer no es (o no tiene por qué ser) maltratar. En mi opinión, para luchar contra el maltrato animal no hace falta dejar de comer animales, sino hacerlo con respeto, con el minimo sufrimiento posible… Personalmente creo que dejar de comer animales no es una forma efectiva de luchar contra el maltrato animal. Que quede claro que respeto todas las posturas y opiniones. Simplemente yo creo que no es acertado ni justo generalizar equiparando el matar para comer con el maltratar.

Y es que esto de la empatía con los animales es un fenómeno curioso. Evolutivamente hablando es beneficioso preocuparnos por los nuestros (y que estos se preocupen por nosotros). Cuidar de nuestros semejantes aumenta nuestras posibilidades de supervivencia, y más por los cercanos que por los lejanos. Y hemos extendido esta empatía a otros seres que, no siendo de nuestra especie, se nos parecen en ciertas caracteristicas y rasgos que somos capaces de reconocer en nosotros mismos. Por eso tendemos fuertemente a sentir empatía por tiernos gatitos, leales perros, e inteligentes delfines, antes que por cucarachas, mejillones o levaduras. Empatizamos con los animales antropomorfoseables y cotidianos que nos rodean desde hace generaciones, como vacas, pollos y cerdos, y nadie parece acordarse de los derechos de las babosas, las ladillas o los pulgones, que son poco achuchables. ¿No es esa una manera un poco injusta e interesada de decidir qué animales se pueden matar y cuales no? Porque los insecticidas, raticidas y plaguicidas que se emplean casi sin excepción en nuestra agricultura, agarraos a la silla… ¡matan animales! Pero como son feuchos, pequeñajos y molestos, pues nadie se acuerda de sus derechos. De hecho parece que sólo se mata si se matan animales. Todo lo que comemos, ya sea animal o vegetal, ha estado vivo antes y hemos tenido que matarlo para poderlo comer. ¿O es que las plantas no son seres vivos? Los vegetarianos suelen alegar que las plantas no sufren y los animales sí. Bueno, lo que sucede es que los animales (al menos los vertebrados) sufren más como nosotros porque tienen un sistema nervioso central muy semejante al nuestro, y por eso nos provocan empatía sus reacciones. Lo que no quiere decir que las plantas (los insectos o los moluscos) no tengas su propio mecanismo de detección de peligro y reacción ante él, aunque no lo llamemos “sufrir”. Principalmente porque no nos conviene, ¡que algo hay que comer! De hecho hay varias iniciativas que parodian esta argumentación vegetariana tratando de “luchar” por los derechos de los vegetales. Estamos en el terreno de lo filosófico, lo psicológico, lo ético y a menudo lo místico, por lo que es casi imposible trazar racionalmente una línea divisoria clara sobre donde esta el límite de lo admisible. Es una cuestión de opinión personal, todas igual de respetables, basada en los sentimientos, así que allá cada cual.

Por otra parte, lo que a mí el sentido común me dice es que no comer animales no es una manera efectiva de evitar que se los maltrate. No comer animales es como rezar: te hace sentir mejor a ti, pero no soluciona el problema en absoluto. Si realmente queremos luchar contra el maltrato y el sufrimiento animal lo que de verdad habría que hacer es asegurarse que las leyes que regulan los procesos y condiciones en los que se crian y sacrifican animales para consumo humano sean las mejores posibles y que se cumplan estrictamente; en las que se garantice a los animales vidas lo mas dignas y naturales posibles, y que los métodos para sacrificarlos sean rápidos e indoloros. Eso sí es una lucha efectiva con la que estoy totalmente de acuerdo. Temple Grandin, por ejemplo, es una científica odiada por los veganos porque modificó el diseño de las granjas de Mc Donalds para hacerlas más “llevaderas” para el ganado, evitando estrés y sufrimiento. En mi opinión su labor es admirable, pero los veganos por regla general no la soportan, pues creen que es parte del “enemigo”, ya que ayuda a matar animales y por eso es mala. Pero yo creo que ese tipo de acciones son pasos en la dirección correcta. También hay que tener en cuenta, como bien explica JM Mulet en esta otra entrada de su blog, que comer solo vegetales no te garantiza que no se haya matado o perjudicado a ningún animal en el proceso. La manera que tenemos de cultivar vegetales para nuestro consumo implica en casi todos los casos acciones como deforestaciones de terrenos de cultivo que antes fueron salvajes, plaguicidas e insecticidas… En los últimos tiempos la agricultura ha puesto en peligro más especies animales que muchos otros procesos humanos, incluida la caza furtiva. Para llevarte la lechuga al plato algún animal ha caído por el camino seguro. Hoy en día es imposible comer sin matar. La cuestión es dónde cada uno quiera poner sus límites y cómo quiera justificarlos.

Tambien he oido decir a varios veganos que no quieren comer nada que ellos mismos no sean capaces de matar. Hemos crecido en una sociedad donde ya no tenemos que matar con nuestras propias manos lo que comemos, y eso nos ha hipersensibilizado ante ese tipo de acciones que ya no queremos tener que llevar a cabo. Pero también opino que todos los que tendríamos reparos en matar nosotros mismos a un animal, yo incluida, acabaríamos haciéndolo si nos viéramos en la necesidad para sobrevivir. Y dejaría de ser el problema que es hoy si formara parte de nuestras rutinas. Para nuestros antepasados era parte del día a día y estoy segura que no le daban la importancia que le damos ahora. Y no hay que remontarse demasiado. Nuestras abuelas y bisabuelas sabían perfectamente cómo matar y desplumar a un pollo para echarlo a la cazuela; era parte de la receta y no era para tanto. Y las familias se juntaban en el campo en un ambiente festivo para realizar las matanzas del año que les darían de comer durante mucho tiempo. No estoy diciendo que este excesivo escrúpulo recién estrenado en estas últimas generaciones sea ni bueno, ni malo. Quizá nos encamine a un futuro más civilizado y sensible; o quizá eso de matar para comer no tiene tanta importancia como le damos ahora en esta sociedad actual cada vez más avanzada en unas cosas y más remilgada en otras.

El último argumento ético empleado por los vegetarianos que quería analizar con vosotros, de hecho el más convincente y aun así el menos frecuente, es que la dieta vegetariana es menos agresiva con el medio ambiente. Los seres vivos somos máquinas de consumir energía y recursos para generar materia y llevar a cabo nuestras funciones vitales. Pero una planta lo hace mucho más eficientemente que un animal. Las plantas emplean energía solar, limpia e inagotable, y no dejan residuos ni contamina en absoluto. En comparación los animales somos muy poco eficientes en nuestro aprovechamiento de energía, y la ganadería emite grandes cantidades de metano y de otros productos residuales contaminantes. Pero no es lo mismo una planta silvestre que la agricultura a gran escala. Cultivar plantas para consumo también tiene un coste ambiental considerable, si tenemos en cuenta la maquinaria industrial empleada, los abonos y fitosanitarios que añadimos al campo previamente deforestado… De modo que sí, cultivar vegetales es bastante menos agresivo para el medio ambiente que criar animales para consumo, pero igualmente hay que vigilar sus procesos y las normativas que los regulan. Y dicho sea de paso, la última vez que oí blandir este argumento fue de boca de una vegana muy radical que conducía un viejo coche diesel bastante destartalado. En esto, como en todo, es muy difícil ser extremista sin acabar cayendo en alguna contradicción.

Concluyendo, en mi opinión (y siempre en mi humilde opinión), empleando la razón y lo que a mí me dicta el sentido común, creo que lo mejor es comer moderadamente de todo, no abusar de nada, y procurar que los métodos por los que nos llega la comida al plato sean lo más respetuosos posible con todas las especies implicadas, tanto animales como vegetales, así como con el medio ambiente. Sin radicalizar, sin hipocresía y sin piradas de pinza. Y que cada cual haga lo que mejor le parezca, y deje a los demás hacer lo mismo en paz.

Aunque claro, esta no es más que mi opinión. ¿Qué opináis vosotros? ¿Vegetarianismo sí o no?

comida-vegetariana

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Artículo originalmente publicado en Esceptica.org
Visita Esceptica.org para leer más artículos interesantes.

4 comentarios el “Tercer Grado: Vegetarianismo ¿Sí o no?

  1. Felicitaciones, muy buen articulo. Soy vegetariana, pero no intento convencer a nadie y se balancear la dieta para no perjudicarme.

  2. Muy interesante la verdad, aunque si me parece algo parcial de su parte no deja de plantear buenos puntos, no me considero un vegetariano radical, y tampoco fui un carnivoro radical, asi que podria estar de acuerdo en sus opiniones de ambas tendencias.
    A mi modo de ver es que es una desicion de vida como cualquier otra, solo sugiero que uno lea, vea y se documente sin prejuicios y con eso se acerque a lo que mejor le parezca, aunque que mejor que probar un buen tiempo el vegetarianismo (creo el comer animales casi todos ya lo probamos mucho tiempo), si a la larga te funciona mejor, creo que solo un terco se retacharia, si estas viendo cambios en tu salud, bienestar, porque habrias de regresarte?.
    Las plantas no sienten el dolor como uno, y su modo de reproducirse es a travez generalmente de semillas, no pueden estar muy cerca una de la otra, asi que lo que hacen es crear frutos atractivos (colores vivos) y sabrosos (yomi yomi) perooooooooooo generalmente con semillas muy agrias, tu lo comes y escupes estas lejos de ellas y WUALA!!! ya se reprodujeron .
    Y estoy de acuerdo en que el modo de relacionarse con su entorno y de sentir el dolor de los animales es diferente que antes, y es personal de cada uno si lo quieres aceptar o no, pero no veo nada justo en criar un ser vivo para asesinarlo y comerlo, no importa que lo hagas lo mas “humanamente” posible, ya no lo veo aceptable.
    En cuanto a que todo con medida nada con exceso, estoy de acuerdo, en mi vida seria frutariano, asi como en mi vida comeria cabrito (un bebe) o usaria unas botas vacunas de piel no nata (las abren a las vacas y les sacan al becerro para aprovechar que su piel es mas tersa).
    Muchas gracias por mandarme esto, lo publicare en en face de Vegetarianos, y si sientes que soy como un testigo de Jehova, dimelo hermano jajajajaja….pero si es bueno que la gran mayoria de nosotros que estamos absorbidos en el mismo ciclo de trabajo y rutina y Comida, por un comentario, una imagen (a veces cruda o hasta tendenciosa) te acercas a saber mas de algo que quizas es mejor para ti, valdra la pena…AMEN

  3. Hola. Interesante artículo. Soy vegetariano desde hace más de 20 años. Durante todo este tiempo he tenido que luchar más contra “los míos” que contra los “carnívoros” (me permito el lujo de simplificar, en aras de la claridad). Por algún motivo que se me escapa, los vegetarianos “compramos” (no todos, por suerte) las ideas en un pack: productos “naturales” y “ecológicos” (ver blog de JM Mulet), agricultura biodinámica; terapias “naturales” como urinoterapia, acupuntura, reflexología, homeopatía; psicoterapias estrambóticas como las constelaciones familiares; búsqueda de energías naturales (naturalmente inexistentes, diría yo) como los biofotones, el zahorismo, reiki, péndulos de todo tipo y energías, piedras milagrosas (hay incluso gente que las tritura ¡y se las come!).

    Por desgracia, estuve en un entorno vegetariano donde abundaban todas estas creencias irracionales, y que abandoné cansado de discutir y luchar contra los molinos.

    Sigo siendo vegetariano. Para mí han pesado más los argumentos sobre la sostenibilidad, las cadenas tróficas y demás. Tal como indica JM Mulet, este argumento no tiene aplicación si un vegetariano consume alimentos de la agricultura ecológica (orgánica, biológica o los distintos sellos que tenga), puesto que cae en picado el rendimiento y se multiplica por 2 o 3 el coste de producción.
    Así, los evito por completo siempre que puedo.

    Un saludo.

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