Querido Animayo 2017

Hace ya unos días que volví de Canarias, de participar en el festival Animayo, y ya voy estando más recuperada de la paliza. Aunque ninguna paliza, que yo recuerde, ha merecido tanto la pena como esta. Y os quiero contar por qué.

Cuando el equipo de Animayo se puso en contacto conmigo invitándome a asistir como ponente, me hizo mucha ilusión. A pesar de ya haber dado clases CARTEL-ANIMAYO-GRAN-CANARIA-2017.jpgy charlas aquí y allí, nunca había participado en un festival ni me había enfrentado a un auditorio lleno. La filosofía del evento me pareció tremendamente interesante, y el hecho de que se celebrara en España, mi país, me animaba aun más a querer participar. A pesar de que, ya que ahora vivo en Canadá, íbamos a requerir esfuerzo y logística, les dije que sí del tirón. No solo es Animayo un festival pensado para educar, y no solo como pasarela o escaparate de obras o artistas, sino que en esta edición concreta Animayo se convertía en el primer festival del mundo en el que todas las ponentes y participantes eran mujeres. Profesoras, conferenciantes, miembros del jurado… Visibilizar el papel de la mujer en la animación, los videojuegos, los VFX y el cine en general se convirtió en parte de los objetivos de este año. Y como suelo decir, este tipo de iniciativas son necesarias para que este tipo de iniciativas dejen de ser necesarias. Así que lo comenté con mi empresa, Scanline VFX, a quienes les pareció genial la idea, y allá que me lancé.

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Después de varias semanas de nervios preparando mis dos charlas en los pocos ratos libres que tuve, el miércoles de la semana pasada salí de trabajar en el estudio y me fui derecha al aeropuerto. Vuelo nocturno hasta Londres y allí escala y vuelo a Las Palmas donde aterricé la noche del jueves. Sin haber a penas dormido los amables runners de la organización me soltaron en mi hotel para intentar descansar un poco antes de los dos días grandes que me esperaban.

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El jet-lag pega a unos más fuertemente que a otros. A mí me pega pero bien, especialmente cuando viajo hacia el este, así que me levanté muy zombi tras haber dormido más bien poco y me dispuse a afrontar el apretado día que teníamos todos por delante. Primero desayuno con la prensa, que estaba allí cubriendo el festival. Allí pude conocer a muchas de las otras participantes y charlar con los amables miembros de la prensa, local y nacional, que por allí se interesaban por nosotras. Prensa escrita, on-line, radio, TV… Todo el mundo apoyando el evento. Después comida con la organización, y sin dejarme descansar (a petición mía, que no quería dormirme), al lío.

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La charla del viernes trataba sobre el viaje personal que supone decidir dedicarse a esto de la animación o los VFX usando mi experiencia personal como vehículo. Cómo encontrar trabajo tras salir de la escuela, cómo mover una reel, cómo iniciarse en el mundo del cine, cómo es esto de trabajar en otros países en estudios grandes…  Mostré mi corto fin de estudios para que los asistentes pudieran ver que hasta los que parece que hemos llegado muy lejos empezamos desde bien abajo, tanto o más que ellos. Traté de apuntar pros y contras y de resolver las dudas que pudieran tener los chavales. Y de hacer hincapié en lo importante de estudiar y perseverar.

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Y de ahí agotada al hotel a repasar la charla del sábado y tratar de dormir, que pocas cosas hay más difíciles que hablar en público con el cerebro aturdido por la falta de sueño y el cambio de horario.

La conferencia del sábado trataba sobre el proceso técnico de trabajo en la realización de una película, centrándonos sobretodo en el pipeline de VFX, los diferentes departamentos que intervienen, las funciones de cada uno y la importancia de conocerlos a todos para poder elegir qué estudiar, ensalzando la importancia de visibilizar la importante labor de tantos artistas trabajando juntos tras un ordenador para dar vida a una película. La sala estaba llena y la ronda de preguntas fue larga y muy interesante. Me encantó el entusiasmo, las ganas de saber y las preguntas tan bien dirigidas que tenían los asistentes. Fue casi como un diálogo.

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Y para mi sorpresa se formó una larguísima cola en la firma de autógrafos posterior en la que tuve ocasión de saludar a muchos de los estudiantes, contestar a más preguntas y hacerme fotos con ellos. La energía general fue tremendamente positiva y mi experiencia realmente inolvidable.

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Después de eso comer con el equipo, teniendo al fin ocasión de conocer y saludar a muchas de las otras ponentes con interesantísimas trayectorias  por la tarde charla de nuevo con la prensa que por allí andaba, ejercer de jurado en el concurso oficial de cortometrajes con las demás ponentes y para terminar cena y fiesta de clausura en la plaza con espectáculo musical y más buen rollo aun si cabe. Mi cuerpo no aguantó demasiado, todo sea dicho, y en cuanto pude me despedí de quien pude encontrar y me retiré al hotel, que al día siguiente domingo por la mañana tocaba coger un avión de vuelta a Vancouver, que el lunes tenía que estar trabajando a primera hora en el estudio.

Me dijeron antes de comenzar que Animayo enamora, y reconozco que no le di mucha importancia a la expresión. Pero lo cierto es que es verdad, Animayo enamora. Y lo achaco todo al grandísimo corazón de todo el mundo allí, organizadores, equipo, asistentes… Por supuesto, todo el mundo fue correcto y profesional, como cabe esperar de cualquier evento de este tipo, pero en Animayo las cosas no solo se hacen con eficacia, sino con mucho cariño. Todo el mundo disfruta al máximo de lo que está haciendo por cansados que estén, y ponen pasión en cada paso. Desde el director del festival Damián Perea, a quien le brillan los ojos como a un niño cuando habla de cada actividad, cada ponente y cada cosa por hacer, hasta el equipo de producción, con Diana a la cabeza, pasando por el personal organizativo, todos y cada uno de ellos dando lo mejor de sí… Técnicos de imagen y sonido, runners, personal en el teatro… Me consta que todos ellos se dieron una paliza de trabajo tremenda sin parar un instante esos días pendientes de que todo saliera bien, y nadie perdió jamás la sonrisa sincera ni la pasión por lo que hacían. ¡Todos! Ojalá recordara vuestros nombres como recuerdo vuestras caras, porque me encantaría poder mencionaros a todos.

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Y de vuelta en Vancouver estoy, enamorada de Canarias, de sus gentes y del Festival Internacional de Cine Animayo. Lo único que lamento es no haber tenido más tiempo para asistir a las charlas de las otras ponentes, disfrutar de todos los presentes y de conocer mejor la preciosa tierra de Gran Canaria. Para otra ocasión ya sé que no basta con ir con el tiempo justo; que Animayo y todo lo que le rodea merece atención y disfrute. Desde aquí quiero dar las gracias a todo el equipo por tenerme entre ellos, por comunicar tan bien y por hacer que la educación y la cercanía prevalecieran sobre cualquier cosa. Enhorabuena por el trabajo duro y por la bien merecida buena reputación que tiene el festival. ¡Sois lo mejor!

Si queréis ver más fotos visitad este album.


de Carolina Jimenez Garcia Publicado en cine, vfx

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